Artista de la vida.
«No me hice artista. Siempre lo fui. Lo que pasa es que tardé bastante en ponerme a pintar».
Roberto Ruiz Rodríguez (Madrid, 1984), conocido artísticamente como ROOBER, siempre se ha considerado un artista de la vida. Alguien que entiende la creatividad no como una profesión, sino como una manera de vivir, observar y transformar cuanto le rodea.
Su trayectoria ha transitado por diferentes mundos: el cine y la televisión, la fotografía y el diseño, la publicidad, la música y el vino. Diferentes lenguajes para una misma obsesión: transformar ideas en imágenes, experiencias y nuevas realidades.
Sin formación académica reglada en Bellas Artes, ROOBER pinta principalmente por instinto. Cada lienzo es una pequeña batalla entre lo que imagina y lo que consigue plasmar: una sucesión de errores, rectificaciones y descubrimientos inesperados que terminan dando forma a su particular lenguaje pictórico.
Su obra explora las contradicciones de la condición humana, moviéndose entre la belleza y la incomodidad, la intimidad y el absurdo. Le interesa tanto lo que hacemos cuando nadie mira como aquello que preferimos no ver.
Con una mirada indiscreta, sensibilidad cinematográfica y una sutil ironía, encuentra lo extraordinario en situaciones aparentemente insignificantes. Sus pinturas transitan entre la sensualidad, la melancolía y ese peculiar sentido del humor que parece tener la propia realidad.
Actualmente desarrolla su trabajo desde La Rioja, España, donde la pintura ocupa un lugar central en una vida que sigue encontrando nuevas formas de expresión.